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Dick Cheney, una historia de entonces

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El presente texto es un relato de ficción. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Aunque los personajes citados hacen referencia a personas reales, los hechos aquí narrados no están todos verificados. Más bien son fruto de la imaginación y de la libre interpretación de los acontecimientos acaecidos durante la carrera política del personaje protagonista de esta historia biográfica, muchos de los cuales fueron ya recreados en la película ‘El vicio del poder’ (Adam McKay, 2018).

Érase una vez un chico de buena familia. De Lincoln, Nebraska. Dick Cheney, se llamaba y, al convertirse en un lacayo al servicio del poder, pasó de ser una persona mediocre con problemas de alcoholismo que entraba y salía de la cárcel por peleas de bar, a presidir de facto los Estados Unidos de América durante las dos legislaturas en las que el muy verde George Bush hijo creía ingenuamente ser él quien presidía el gobierno de EEUU. La realidad es que pusieron a disposición de Bush un equipo incompetente y no eran sino Cheney y su equipo quienes lo dirigían todo desde la sombra.

Pero ¿cómo llegó tan lejos? Bueno, empezó por acceder a un pequeño cargo de la Casa Blanca. Esto fue inmediatamente después de que Nixon hiciese una campaña electoral en contra de la guerra, mientras organizaba a puerta cerrada con su secretario de Estado, Henry Kissinger, el bombardeo de Camboya con 108 000 toneladas de explosivos, asesinando a 120 000 civiles inocentes. Cheney no tardaría mucho en ser ascendido a Jefe de Gabinete durante el gobierno de Nixon y, ya incrustado entre los engranajes del poder, fue serpenteando hasta hacerse con el cargo de Secretario de Defensa durante el mandato de George Bush padre, período durante el cual desempeñó un papel más que clave en la Guerra del Golfo.

Cheney, que se había convertido en el director ejecutivo de la corporación de servicios petroleros Halliburton, iba para presidente, pero, cuando Bush Jr. le pidió durante su campaña electoral que fuese su vicepresidente, aunque al principió rechazó la oferta, vio después una gran oportunidad de presidir él mismo EEUU haciendo creer ilusoriamente a la población estadounidense y del resto del mundo que era Bush quien gobernaba. Aunque el interés de Cheney en la medalla de plata (política) de Washington D. C. no respondía a una vocación desmedida por defender los principios de Lincoln y compañía; lo que más le  sedujo de la vicepresidencia fue cierta herramienta jurídico-constitucional llamada “teoría del ejecutivo unitario”, por la cual, en situaciones especiales, todos los poderes se concentran en el presidente del gobierno. Dado que Bush ya tenía bastante con ser un alcohólico aún en rehabilitación, sin formación conocida que le capacitara para manejar el buque norteamericano, Cheney llegó a un entendimiento con él para tomarse las licencias que considerase oportunas, motivo por el que el poder ejecutivo unitario recayó virtualmente  en manos del protagonista de esta “dramatización” .

Lo primero que hicieron Dick Cheney y su equipo fue asegurarse de que George Bush hijo sería un mero pelele. Y, por supuesto, puso en todos los departamentos del Estado a una persona de su confianza ocupando distintas y nuevas oficinas que él y su equipo fueron creando a su antojo. Consiguió una oficina en la Cámara de Representantes, donde se originan las facturas de ingresos, porque quería estar cerca de la llave del dinero; dos oficinas extra en el Senado; una en el Pentágono; y una en la sala de conferencias de la CIA, porque necesitó de los servicios secretos para invadir Iraq.

Estaba en todas partes. Incluso creó el lugar más poderoso de todo Washington D. C.; una sala de conferencias sin descripción para un nuevo grupo de expertos llamado Estadounidenses por la Reforma Tributaria, con fondos de los hermanos Koch, propietarios de la segunda mayor empresa privada de EEUU, una oscura petrolera que financia centenares de los actos conservadores y la mayor parte de la propaganda que niega el cambio climático y que además influye sobremanera en la política del Estado. Así, Cheney y su equipo pudieron vetar la Ley de Armas de Fuego Indetectables, desproteger a las especies en peligro de extinción, desregularizar la calidad del agua, bajarle los impuestos a los superricos y echar por tierra todos los planes de los que luchaban contra el calentamiento global, al que su equipo empezó a llamar “cambio climático”, tal y como se le sigue llamando hoy en día, para despistar a la población mientras se derrite la Antártida.

Sus intereses privados para con la corporación de servicios petroleros Halliburton, llevaron al vicepresidente a conseguir un mapa gubernamental de los campos petroleros de Iraq y a confeccionar una lista de las empresas petroleras estadounidenses interesadas en su adquisición. Pero estos campos petroleros iraquíes no estaban disponibles, por lo que tendría que sucederse el 11-S para justificar la exacerbación de los poderes presidenciales y la consiguiente lesión de derechos fundamentales. Dick Cheney obligó a su equipo de inteligencia a dar informes falsos, basados en rumores inventados, para vincular a Al Qaeda con el presidente iraquí Saddam Hussein, haciendo creer al 70% de los estadounidenses que Hussein estuvo involucrado en los atentados de las Torres Gemelas. Cheney obligó también a Colin Powell, el Secretario del Estado durante la administración de George Bush hijo, a leer un discurso falso en la ONU en el que se asociaba al impopular militante musulmán salafista Abu Musab Al-Zarqawi con Bin Laden. Powell calificó este discurso como, y cito textualmente, «el momento más doloroso de su vida», porque la repercusión (y la reiteración) de sus palabras en los medios de desinformación de todo el mundo convirtió al tal Al-Zarqawi en una auténtica estrella del rock, dando lugar al nacimiento del ISIS, por un lado, y del Centro de Torturas de Guantánamo, por otro.

Los casos de suicidio entre miembros del ejército estadounidense incrementaron un 31% desde 2001. La invasión a Iraq costó el asesinato de más de 600 000 civiles inocentes. ISIS ha asesinado a otros 150 000 civiles en Siria e Iraq, con más de 2000 asesinatos en ataques terroristas internacionales. No obstante, para beneficio privado de Dick Cheney, el valor en bolsa de las acciones de la mencionada corporación Halliburton se disparó hasta el 500% en los años siguientes a la invasión a Iraq. Todo un acierto, teniendo en cuenta que no hay democracia representativa que no sirva a los intereses privados de los representantes políticos y de la alta burguesía que les consigue el voto para mantener su oligarquía.

Cineasta con siete largometrajes, casi una veintena de cortos e incontables participaciones en proyectos ajenos o/y colectivos a mis espaldas. Pintor que gusta en darse baños de color. Y escritor que preferiría ser ágrafo. Estoy preparándome para huir al margen del Estado, fuera del sistema. Me explico en "Dulce Leviatán": https://vimeo.com/user38204696/videos

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