Cuadernos

Los Detectives Salvajes: Apuntes para una película

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PRIMERA PARTE

Ahora que mi cuate Oropelito Hernández, después de tres años por la vieja Europa estudiando cine, retorna al mismito DF, a su casa de la colonia Roma, ¡órale, mano!, me dije, ¿no será este un buen momento para ir a visitar los lugares donde transcurre Los detectives salvajes? ¿Y por qué no llevarnos una cámara y grabarlo? El invisible Victor Erice nos contaba en Gijón que estaba haciendo una cosa bastante parecida. Aprovechando sus últimos viajes, se ha dedicado a filmar los lugares donde transcurren momentos míticos de sus películas favoritas. Esta curiosa hibridación entre documental y diario personal le ha hecho descubrir cosas tan salvajes como la fachada principal de la casa Don Pietro en Roma, città aperta llena de pintadas neonazis.

¿Qué encontraríamos nosotros, Oropel? ¿Qué secretos y sorpresas nos esperan en tu México natal?

Pero hay que tener cuidado. Se nos han adelantado. Un director mejicano, Carlos Sama, famoso por dirigir comerciales, prepara una adaptación de la novela. ¡Con Gael García Bernal en el papel de Arturo Belano! ¿Te lo imaginas? ¿No hay otro actor mejicano que Gael? Y, además, ¡Belano es chileno!

Y, además: Los detectives salvajes debería quedarse tal como está, como literatura. Hasta que hubiera pasado esa moda de confundir a Bolaño con JamesDean” (Enrique Vila-Matas dixit). Tengamos en cuenta estas premisas. Acerquémonos más a Erice que a Sama. Y es que me temo que Sama, el director de anuncios metido a director (tiene algo que ver con Erice, pero al revés) ha cogido sólo la primera y la tercera parte del libro. Con la segunda, ese coro o epifanía de voces que a veces parecen entrevistas y a veces pensamientos captados por una extraña máquina que pueda leer el cerebro y que nos va dando datos sobre el recorrido de los personajes, no se ha atrevido. ¿Cómo filmar esa parte? Quién responda a esta difícil pregunta conseguirá una adaptación más o menos digna de la novela.

En cualquier caso, ya me veo en el DF, Oropel. Podríamos empezar por la UNAM, la Universidad de Filosofía, en la que el poeta García Madero es rescatado por Arturo Belano y Ulises Lima del anquilosado taller de poesía del profesor Álamo.

La gloriosa entrada de Belano y Lima al taller de Álamo (se nos dice que de carácter beligerante o proselitista, discretos al principio) con el consecuente cirio posterior parece ser un eco de la performance que el propioRoberto Bolaño (Belano) y su camarada Mario Santiago Papasquiaro (Lima) le montaron a un profesor reaccionario también en un taller de poesía -allá por el año 75- buscando seguidores para su nuevo movimiento poético: el infrarrealismo. O real visceralismo en la ficción.

No estaría mal perdernos en los bares de la calle Bucareli, buscar el café Quito, trasunto del café La Habana, visitar, si es que existe, el Encrucijada Veracruzana y enamorar a alguna camarera que nos lleve a vivir a su casa y nos cuide y nos haga el amor durante horas pero a la que arruinaríamos la vida.

¿No andamos tan perdidos como García Madero? Sentimos también que tenemos una vida por delante pero no sabemos muy bien como la rellenaremos. ¿No somos huérfanos y lloramos?

Pero soy un tramposo. O algo tramposo. Me meto en Google Maps y pongo direcciones del DF, le doy a visita virtual y voy viendo los espacios. Esas fotos feas y acartonadas no me dicen nada. Voy a dejar de hacerlo. Quiero estar en los lugares, no viajar desde mi cuarto, espero respirar in situ un perfume con el que pueda comprenderlo todo.

En la calle Anáhuac intentaríamos descubrir la azotea que esconde el angosto cuartito donde Ulises Lima tiene desperdigadas todas sus lecturas y en el que si se juntan más de tres invitados algunos deben permanecer de pie.

¿Y la calle Colima en la colonia Condesa? A poco que busquemos seguro que encontramos la casa de la familia Font o una parecida. Una casa con jardín trasero que destila el encanto de una burguesía venida a menos ya en 1975. ¿Cómo estará ahora? ¿Seguirá, tal vez, viviendo allí Jorgito Font, el menor de la familia? ¿Nos llamará nacos al saludarnos? ¿Y Angélica?  ¿Y María?

Por la noche no estaría mal ir a la colonia Coyocán e intentar colarnos en una de las fiestas en las que se habla de poesía mientras se fuma mota en casa de la pintora Catalina O’Hara.

De obligada visita también son la librería Baudelaire (en la calle General Martínez), la librería del Sótano y la librería Francesa de la Zona Rosa. Podemos robar un libro con disimulo en cada una de ellas.

Sería el momento de pasar a la acción y rescatar de las garras de su terrible padrote a una joven prostituta, huir con ella en un Ford Impala hacia el desierto de Sonora con el proxeneta pisándonos los pies en un Camaro amarillo.

Yo te enseño lo que quieras del DF, me dice Oropel. Ahora, al desierto de Sonora te vas tú solito. En ese sitio si te pasa algo ya puedes gritar ¡policia, policia!que no va a venir nadie a ayudarte. Es un lugar sin ley. Parece que Oropel se ha europeizado.

-¿Y que me importa el peligro si al final encontramos a Cesárea Tinajero?

Buscar a alguien que admiras y no sabes si está muerto. Búsqueda de Cesárea Tinajero. Siempre teniendo en cuenta que una cesárea es un tipo de parto en el cual se practica una incisión quirúrgica en el abdomen y el útero de la madre para extraer uno o más fetos…

Buscar a un difunto famoso. O a un difunto en vida. Búsqueda de una vanguardia que ya ha pasado, que se fue. O que expulsó algo que no tuvo conciencia de vanguardia…  Cuando Ulises Lima, Arturo Belano y García Madero (acompañados por la joven prostituta Lupe) surgen en busca de la poetisa Cesárea Tinajero, ¿no son como caballeros buscando un Grial? Su grial. ¿No es esa búsqueda, a todas luces absurda, una verdadera búsqueda poética. ¿No están, de alguna manera, poetizando sus vidas?…

SEGUNDA PARTE

En Amigos mexicanos, el magnífico cuento de Juan Villoro, un periodista yanqui le pregunta al protagonista:

-¿Qué tan violenta es la ciudad de México?

Recuerda entonces el narrador algo que Burroughs le escribió a Kerouac o a Ginsberg o a algún otro megadicto que quería ir a la ciudad pero tenía miedo de que lo asaltaran: No te preocupes. Los mexicanos sólo matan a sus amigos.

No sé si esta afirmación ha de inquietarme. Estos días sigo preparando mi viaje imaginario al DF que tendrá como excusa la visita a mi compadre Oropelito Hernández y como verdadera motivación visitar los espacios donde transcurre Los detectives salvajes deBolaño.

Brutalidad mexicana vs. brutalidad española. Aun recuerdo una tarde de vagabundeo y deriva mental por el cagadero youtube en la que Oropel me puso un curioso video. Era de un programa de la televisión  de allí. Bajo la apariencia de un reportaje, consistía básicamente en  informes exhaustivos de todas las balaceras o tiroteos ocurridos durante el día. El locutor narraba con más o menos ánimo lo sucedido y habían conexiones en directo con una periodista desde el lugar de los hechos. Si nos olvidamos de un espinoso asunto (hay tantos tiroteos que el programa dura cerca de una hora) el contenido era igual de criminal que cualquier emisión de sobremesa de la tele española. La brutalidad mexicana me parece más tangible, máspalpable. Es directa. La brutalidad española adquiere formas abstractas, se esconde, se disimula o se sofistica. La podemos canalizar a través del fútbol, por ejemplo. Uno de los cánticos futboleros que siempre me ha llamado la atención es aquel de “hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual”. Brutalidad con excusa. Brutalidad y carpe diem. No podemos romperle la madre a nadie pero aguantamos a maleducados que se gritan en televisión. Los cabestros focalizan sus rabias en un estadio cada domingo. Brutalidad con rodeos. Brutalidad maquillada. Siempre que hay alguna manifestación en la bella Barcelona la cosa termina en trifulca. Brutalidad escondida.

Bolaño decía que la poesía en este siglo no tenía que estar necesariamente en los versos. Algo así debía pensar también sobre la brutalidad mexicana porque en la primera y la tercera parte de Los detectives apenas hay un vago tiroteo. Siendo un libro que se podría nutrir de buenas dosis de acción, la violencia se resuelve en un par de párrafos. Deprisa. No somos gente violenta, le dice Belano a García Madero cuando saben que un tipo les persigue con ganas de pelea. Huyen en lugar de provocar un altercado y nunca me atrevería a calificar a ninguno de los protagonistas de cobardes. La violencia de los personajes se manifiesta en su silenciosa rebeldía frente a un mundo en el que se dan cuenta de que poco o nada pueden cambiar.

TERCERA (Y ÚLTIMA) PARTE

Hay varias cosas que me darían miedo al afrontar una hipotética adaptación de los Los detectives salvajes. La primera es una cuestión de tiempo. No una falta de tiempo material, más bien una sensación de que no he vivido lo suficiente para poder aportar una voz propia a la adaptación. En la escritura de Roberto Bolaño hay una revisión de sí mismo, de sus experiencias, apuntes de su biografía que convierte en literatura. Su juventud en México es la fuente de Los detectives. Pero también se da un sano ejercicio de ponerse en la piel de los más inverosímiles personajes. Desde un sacerdote del Opus Dei, a un adicto a los wargames, pasando por una adolescente romana muy desubicada vitalmente, etc, etc, etc…

Más importante que descubrir una figura en la que realidad y ficción se imitan, en sus cuentos se destila  una estrategia acerca de cómo entender a los demás y entenderse a uno mismo. Sus novelas se pueden leer como un campo de pruebas donde todas las voces tienen cabida y donde se huye de cualquier postura irreconciliable de antemano. No es casualidad entonces que los narre casi todos en primera persona.

Queda pues el tiempo como un primer impedimento. Pero tampoco conviene dormirse. Como decía él mismo:A manderecha del poste rutinario, viniendo claro está, desde el noreste, allí mero donde se aburre la osamenta, se puede divisar ya Comala, la ciudad de la muerte. Hacia esa ciudad nos dirigimos todos, ustedes y yo, de otra manera, con mayor o menor alevosía…

Otro tema peliagudo es que en Los detectives la gente habla. Habla mucho. Sin pudor. Y de poesía, ni más ni menos. Hay cosas que se echan en falta en las películas más recientes. A veces, el silencio. A veces, que el director tenga algo que contar.

A Bolaño le encantaban los libros del escritor primerizo, aquellos en los que la técnica literaria aún no está del todo pulida o brilla descaradamente por su ausencia. No encontraba en esos casos un libro perfecto pero sí notaba que su autor tenía cosas importantes  que decir.

Lo poco que sé de poesía lo he aprendido gracias a Bolaño y a Rubén Pintoresco. Es más, si en mi teórica adaptación de Los detectives afrontará el tema de la poesía, tomaría como actor indiscutiblemente al poeta Pintoresco, alguien que se toma muy en serio el asunto poético a sabiendas de que, como decía Rilkelo bellono es más que el comienzo de lo terrible. O, como advertía el propio Bolaño, si uno se acerca a la poesíaen serio corre el riesgo de quemarse.

En mi caso vería mucho más lógico que los detectives fueran cineastas y no poetas. Tal vez ahí si que podría decir algo. Vería más lógico además comenzar la película en Europa y trasladarla a México. También Bolaño tendió ese puente o ese viaje de ida y vuelta -¿un bucle vital?- entre Los detectives y 2666. Un par de jóvenes cineastas que se marchan tras la pista de un director de cine de vanguardia invisible, misterioso y olvidado, del que apenas se conocen un par de cortometrajes y un largo. Comienzo a pensar enMarcelo Goldberg, el cineasta mexicano autor de una única y maravillosa película, Basura, (filmada mucho antes de la cinta underground de Paul Morrisey), en la que un muchacho de buena familia que reside en una urbanización de lujo en Mexicali, comienza a inspeccionar enfermizamente las basuras de sus vecinos, descubriendo así que tras la apariencia de normalidad y la fachada de gente decente, se esconden una serie de degenerados capaces de las más atroces perversiones.

El título de su única y desconocida película tiene algo de premonitorio. Decidió Marcelo Golberg que no rodaría nunca nada más porque el mundo está lleno de imágenes banales y no le apetecía contribuir a infectarlo con más. Es curioso como el cineasta decidió vivir en la armonía de la obra de arte lograda y no volver a acercarse a una cámara¡Qué handicap! Otro hecho curioso infla su leyenda. De normal, los directores no acuden a ver sus películas al cine una vez estrenadas. Al señor Goldberg se le podía ver y escuchar en las salas donde se proyectaba su film. Era allí donde mantenía acalorados debates con los espectadores, defendía o criticaba secuencias, argumentaba el por qué de ciertos encuadres, en definitiva, no le daba miedo enfrentar su obra con su público. Cuando se retira Basura de los cines, se le pierde el rastro. Podrían mis jóvenes detectives ir a buscarlo. Evidentemente, como buen autor escurridizo, se habría esfumado de la faz de la tierra y se habría encargado de borrar las pistas de su fuga. Podría ser que los detectives fuéramos mi cuate Oropelito Hernández y yo. Y, rizando el rizo, la hoja de ruta para encontrarlo por las geografías ocultas de México se podría asemejar a la de otras búsquedas ya famosas. La de Cesárea Tinajero. O la de Benno von Archimboldi.

Cosecha del 87. Valenciano. Hace cine mientras no está leyendo y, a veces, escribe. Le gusta reír y no tiene Facebook ni Twitter.

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