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Carla Bozulich: «Como Godot no apareció, me fui a mi casa»

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Carla Bozulich es una artista de largo recorrido y diferentes matices, se inició en el punk, tuvo diferentes escarceos con la música electrónica junto a Barry Adamson y ha conseguido renombre en el folk. Lo suyo no es fácil de categorizar o adjetivar, como un cocktail recién salido de una novela de Herman Hesse, o como una banda sonora bastarda de ‘Carnivale’, y los que acudan a su concierto de la sala Siroco de Madrid el próximo jueves 7 podrán dar fe de ello. En el trato Carla, no obstante, la líder de Evangelista, se muestra abierta y bromista, nada que ver con sus diferentes reencarnación discográficas o literarias. 

¿Cómo le describirías tu propia música a un periodista perezoso?

Mi música es un túnel por el que fluyen aguas rojas, con mil lucecitas blancas que parpadean y giran en el aire.

Llevas treinta años en el ‘negocio’, aunque siempre bien lejos de los circuitos comerciales. Ahora que todo parece derrumbarse en las altas esferas de la industria musical, ¿te afecta eso de alguna manera?

Es que, como has dicho, yo estoy en otra liga. Es casi como vivir en planetas distintos que nunca llegan siquiera a rozarse. Pero hay algunos artistas ‘mainstream’ que me gustan: Earth, Wind & Fire, Wolf Eyes, Fuck Buttons… 

¿Se parece en algo la escena de 2013 a la que conociste en tus comienzos?

Que siempre habrá gente que se busque la vida, aunque sea a dentelladas, para salir de la oscuridad. 

No es extraño encontrar entre artistas de tu generación giros como el tuyo, del punk al country. Cuando erais más jóvenes, ¿os sentíais demasiado furiosos quizá como para hacer música que les hubiera gustado a vuestros padres?

(Carla exclama sonoramente) Escuché por primera vez a George Jones cuando tenía 21 años. Recuerdo perfectamente aquel instante: ahí estaba yo con aquella cinta cutre de cassette, en una habitación bastante cochambrosa en Sunset Boulevard y viendo desde mi ventana una cola de cien fans del hair-metal que trataban de entrar en el Whiskey A Go-Go. El mismo sitio donde había visto a los X cinco años antes… En fin… George Jones cambió el rumbo de mi vida. Johnny Cash y Patsy Cline desafiaron todos los dogmas del country, y Willie Nelson es como un mago para la gente de a pie. Además es un activista político con ideas muy progresistas. 

Precisamente versionaste de pe a pa el ‘Red Headed Strange’ de Willie Nelson, con la participación del propio Willie. ¿Cómo se siente uno al rehacer un disco entero de semejante leyenda y ante sus propios ojos?

Al principio, cuando llegué a su estudio de Austin, me sentí muy cortada. Pero Willie no es el tipo de persona que deja que te sientas fuera de lugar mucho tiempo. 

Diría que en el último disco de Evangelista el misterio le gana la batalla al ritmo…

Pues no me lo había planteado así, ¡pero me gusta esa definición! La verdad es que no sé qué decir. Tengo un sentido del ritmo bastante peculiar; mis amigos lo llaman ‘el compás de Carla’. Y con respecto a lo del misterio… Sí, a veces me siento más como una taquígrafa que como una artista: escucho y escribo, y lo mezclo todo, y hago loops… Y si puedo mee pongo a saltar de árbol en árbol. (Risas) 

En Evangelista hay unas atmósferas muy densas, a la manera de Angelo Badalamenti  en las películas de Lynch, dando a entender que algo extraño subyace. También os considero cercanos a cantantes como Jarboe o Diamanda Galás, voces que exorcizan demonios interiores.

Espero que Isabella Rosellini no lleve ahora nada, exceptuando pantalones sexys con tirantes (Risas).  Puede que tengas razón en lo segundo, porque cuando canto la música se convierte en algo muy real y muy oscuro, pero también puedo alejarme de ese estado posteriormente, una vez fuera del estudio, y reírme de mí y de todo lo que tengo alrededor. Por lo que veo….¡El exorcismo funcionó! (Risas). Debo avisarte de algo, no soy una persona muy seria, puedo reírme absolutamente de todo. 

¿Cómo son los shows de Eyes for Ears?

Es un espectáculo de arquitectura y sonido. Trabajo en diferentes espacios; sitios que tengan algo especial, que sean hermosos, o que se estén viniendo abajo. Entro y me pongo a escuchar. Escucho el ‘sueño’ y lo escribo todo muy rápido. Soy leal a esos espacios. La promesa que les hago es contar esos sueños surrealistas a través de imágenes y sonidos, con la fuerza de la gente, que hace que el sueño se mueva con cada paso que dan dentro de ese lugar. Los músicos, los cineastas o el equipo que llevo conmigo están ahí para contar la historia de la manera adecuada. No importa quiénes sean, aunque a veces hemos tenido a gente muy conocida. Me lleva semanas prepararlo todo. Es carísimo, y sólo tengo dinero para hacerlo unas pocas veces. Tendremos que convertirlo en una especie de pequeño festival; es la única forma de poder contar con los artista apropiados. 

Entonces, ¿habrá más sesiones de Eyes for Ears? Una sexta sesión, al menos…

(Risas) ¡Ojalá podamos hacer hasta treinta! Es algo increíble. Lo más duro es que siempre es algo nuevo, así que no es como llegar a la ciudad de turno y descargar el mismo material que ya habías usado antes. Cuando el yo y el resto de los artistas nos vamos dejamos la historia ahí, donde pertenece. Incluso la música que escribo se queda ahí. El sueño se queda con su ‘propietario’. 

¿Cómo percibes el arte? ¿Tienes alguna definición?

Creo en el arte como una enfermedad del alma y el cuerpo. No tengo ninguna definición…son cosas que no sé. 

¿Y qué idea de la espiritualidad tienes?

Mi idea de lo bueno es el sonido y el amor. Intento encontrar estas cosas y expandirlas a la gente con mi música. 

Se dice que los filósofos de la duda mataron a dios, ya sabes, Nietzsche, Marx y Freud. ¿Tú crees en Dios?

Si hay un dios es la compleja naturaleza que continúa haciendo que las criaturas tengan bebés. Es un concepto que, obviamente, no está muerto. 

La última pregunta pseudo filosófica (Risas). ¿Esperas a Godot?

Solía esperarle, pero en realidad no soy ninguna experta en super modelos existenciales ni grietas, así que como Godot no apareció me fui a mi casa. Deberías preguntarle esto a mi amiga Tara. Ella lee más que yo y tiene las respuestas (Risas). 

Pusiste música a una obra de Jean Genet. ¿Qué es lo que más te gusta de él?

Que es sucio, muy sucio. Y muy sabio. Maricón, decadente, feroz… ¡Pregúntame más bien qué es lo que no me gusta de él! 

Genet fue el outsider definitivo: un ladrón, un vagabundo que escribía sobre los rincones más oscuros del alma humana. ¡Hasta dio con sus huesos en la cárcel! ¿Dónde están los Genet de hoy en día?

Pues te nombraría a Harry Crews, si no fuera porque acabo de enterarme que murió el año pasado… Pero, por ejemplo, ahí tienes a Jesse McCloskey, que lleva veinte años diseñando las portadas de mis discos. Está como una cabra, en el sentido más vitalista y descarado de la expresión. Es un ‘católico en recuperación’ y está orgulloso de ser incapaz ese humor suyo tan enfermizo, lleno de sexo y religión. Este tipo de artistas son los que de verdad ponen a prueba tus sentidos y tu espíritu. Para mí, las mentes más oscuras son a menudo las más divertidas. Lydia Lunch, con una inteligencia y una perspicacia afiladas como una cuchilla, pero con un corazón tan grande como el mismo sol –a no ser que vea que no pones interés o que te duermes en los laureles-… Por desgracia, a medida que se acerca el fin del mundo, no ves que la gente esté  de fiesta como en 1999, sino más bien como si los hubieran criogenizado. Ya no hay nada salvaje en ellos. Yo lucho con todas mis fuerzas contra eso y sería capaz de destruir muchas cosas con tal de que al final nos quedara un mundo más interesante. Y como me gusta predicar con el ejemplo, cuando cumplí 45 años me tiré en parapente desde un pico del Himalaya. ¡Deberías hacer parapente! (Risas) 

Tus intereses, como queda claro, van mucho más allá de la música. Hablemos de otra de tus grandes pasiones, la poesía. ¿Cómo saber si lo que tienes entre manos es una canción o un poema? Ya sabes que hay quienes opinan que Leonard Cohen o Bob Dylan no son poetas, que la poesía es otra cosa, “algo más”…

La mayoría de mis canciones nacen de arrebatos. Escribe sin pensar demasiado. A veces ni siquiera vuelvo a leer lo que he escrito, otras veces aquello que escribí venía acompañado de una melodía o de una armonía compleja. A veces es la guitarra la que me recuerda lo que tengo que decir. He perdido años y años de escritos en ordenadores que se me han roto o libros que me he dejado por ahí, aunque a menudo muchas de mis canciones parten de esos viejos textos, de los que han sobrevivido. Vuelvo a leerlos y entonces entiendo lo que en su día trataba de decir. Unas veces es buen material, otras me parece horrible, o a lo mejor tengo que ser paciente (y leal), mimar esas palabras hasta que puedan decir lo que quiero que digan. Si son canciones o poemas… me da igual. Con la música pasa lo mismo. Debo tener como cincuenta canciones inacabadas en mi laptop que puede que nunca vuelva siquiera a escuchar. 

Músico, poeta, articulista, ilustradora… ¿te sientes un poco ‘diletante’?

No terminé el instituto, y hay veces en que creo que eso es algo positivo. Mi hermano, que es un capullo muy inteligente, me llamó diletante una vez, siendo una adolescente, y creo que entendí el concepto lo suficiente como para tener claro que es una palabra que nunca utilizaría. Hoy por hoy, aprender lo que sea me parece maravilloso. Amar a alguien es increíble. Leer más allá de un simple párrafo es algo impresionante… y crear cosas honestas. No te pares a pensar en lo que otros puedan pensar de ti. Piensa sólo esto: si te pasas la vida dormido y nunca llegas a dar rienda suelta a tu verdadero yo, definitivamente no eres mi tipo. 

Tienes en perspectiva convertir uno de tus relatos cortos en novela. ¿Te resulta sencillo volver a una historia que escribiste hace años para tratar de prolongarla?

Escribir esta novela, ‘The Sparkely Jewel’ está resultando ser una tarea que me va a llevar toda la vida. De este tipo de ‘arrebatos’ también tengo por ahí cientos guardados. 

¿Y hay algo relacionado con el arte que no te interese? ¿Algo que no hayas hecho aún?

¡¿Estás de coña?! Soy una auténtica privilegiada por poder dedicarme a esto, así que no voy a desperdiciar ninguna oportunidad que se me presente. Puedes esperar cualquier cosa de mí, porque ni yo misma sé que voy a hacer. 

Has tenido parejas de ambos sexos, pero no te consideras lesbiana. En cualquier caso, ¿por qué hemos llegado a aceptar a los hombres homosexuales pero sigue habiendo cierto resquemos en la sociedad hacia las lesbianas? ¿hasta ahí llegan los tentátulos del machismo?

No, no soy lesbiana. He tenido historias con un par de mujeres, pero, por ejemplo, con mi último novio estuve nueve años. No soy gay, pero supongo que si la gente lo piensa es porque a menudo me siento como un hombre. Pero no es algo a lo que le dé la más mínima importancia. Si quien canta a través de mí es un hombre, le dejo cantar. Fíjate en “Bells Ring Fire”, o en “Die Alone”, que es una canción que escribí para Townes Van Zandt. En mi nuevo disco en solitario hay más canciones cantadas por hombres que por mujeres –así es como las oigo en mi cabeza-. Igual la gente no sabe esto. No se trata de personajes como los de un libro o una película. Soy yo todo el tiempo. Pero no soy gay… No sé… Quizá también influya el hecho de que he estado muy involucrada en muchas movidas gay en cada país que he visitado. Con maricas muy extremos, muy desafiantes, o muy sensibles y cariñosos… Maricas de toda clase y condición. Chicas que son chicos, y que son mil veces más hetero que cualquier tío hetero. Tías tan duras que podrían darle una paliza a cualquier hombre. O chicas tan jodidamente monas e inteligentes que se ponen tan contentas al verme que me las comería a bocados. (Risas) Soy muy protectora con las mujeres, como uno de esos grandullones buenazos que tienen demasiada fuerza en las manos. No quiero hacerles daño. El SIDA, especialmente en los 90s, se llevó por delante a muchos de mis amigos, a mucha gente a la que admiraba, así que nada ha dejado más huella en mi trabajo que todo eso. 

Sé que te gusta la historia. ¿Qué opinas de la de Estados Unidos antes y ahora?

¿Recientemente? Desde la colonización el hombre blanco ha usado sus ventajas en la educación, la salud y otras cosas para prevalecer sobre otras razas y mantenerlas bajo su yugo, aprovechándose de ellas y sacando más y más y más…y actualmente es lo mismo, pero seamos justos, esto no solo pasa en Estados Unidos, esto ha pasado y pasará en todo el mundo, con muy pocas excepciones -el Tíbet quizás-. Cualquier país que logre ser una superpotencia actuará de manera déspota invadiendo otros países, colonizando esas culturas, matando a gente inocente y pasará por encima de sus propios ciudadanos para alimentar sus deseos insaciables y sus pasiones terrenales, ya sabes de qué tipo de personajes que llevan países hablo. Pero por lo general hay un dios para perdonar la tiranía entera en nombre de la honradez. Agradezco a este dios por el espíritu santo y el fuego. 

Es una de las respuestas más sensatas que me han dado sobre el problema de Estados Unidos, que en realidad es algo extensible al género humano. Y siguiendo con este tema, ¿cómo ves la ciudad de Los Angeles?

Eso es el `Satyricon´ (Risas). 

Continuemos con lo geográfico. Dime un viaje que te haya fascinado…

Hace poco volví a ir al mar, para ver las estrellas de mar y otros animales. El lugar del que te hablo está cerca de donde nací, y es muy tranquilo, exceptuando las olas y los pájaros. Es un sitio al que solo puedes acceder bajando por unas rocas, de hecho todo está lleno de rocas. Es mi refugio favorito. 

Terminemos… ¿qué ‘cara’ de Carla vamos a ver el día 7 en la Siroco de Madrid?

Soy un monstruito. Lo voy a dar todo en el escenario, pero la gente tiene que comprar el puto merchandising para que pueda comprarme de una vez un apartamento. (Risas) Llevo ocho años dando tumbos de un lado a otro, tratando de permanecer fiel al arte, de llevarle a la gente la mejor de las drogas. ¡Comprad el puto merchandising! (Risas)  

*Para coronar nuestra charla con Carla le pedimos que nos dijera lo primero que se le viniera a la cabeza al escuchar los nombres de unos cuantos artistas que, de una forma u otra, comparten ciertos rasgos con ella…

Tom Waits: ¡Nunca debería haber cantado en el ‘Jesus Blood’ de Gavin Bryers! Menudo insulto para una de las obras más sublimes que he escuchado en mi vida. La rehizo. La destrozó. El viejo vagabundo de la versión original era tan auténtico…
Nels Cline: Tendría que estar horas hablando de él. ¡Siguiente!
Marianne Faithfull: La diosa de la fragilidad y de la guerra.
Lydia Lunch: Una víbora rabiosa, y muy sexy. Diosa de mi corazón y de mi cabeza. Es capaz de hacerte trizas sólo para reconstruirte. Te quemará en la hoguera para que encuentres la salvación.
Jesse McCloskey: Uno de los pocos especímenes que quedan de una raza prácticamente extinta: un pintor auténtico, valiente y con un talento inmenso.
Patti Smith: Bueno, me abrió los ojos cuando era niña.
Thurston Moore: No sé qué decir… Es una leyenda. Es toda una inspiración, porque es capaz de excavar más profundo que la mayoría de la gente y volver a la superficie para trasladarnos lo que la criatura le ha contado. Nos cuenta secretos.
Marc Ribot: Tío, me haría tan feliz volver a tocar con él. Es capaz de interiorizar el entorno y llenarlo de formas y sonidos. Es capaz de sentir al público. Eso me encanta: ¡gente, venid a la primera fila!

*con la colaboración de Ignacio Reyo

Entre discos y libros me encontrarán ustedes. Y en El Blister. Y en Madafackismo Underground. Y aquí.

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