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Ernesto Sevilla: «Todos los chistes tienen siempre alguna víctima»

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«Hola, soy Ernesto Sevilla y vamos a partirnos el culo”. Así se presenta Ernesto Sevilla (Albacete, 1978) cuando sale al escenario para dar comienzo a su espectáculo. Un tipo serio en la actuación (cada vez menos) y tímido en las distancias cortas, el cómico manchego se encuentra ahora inmerso en “Despedida Coconut”, una recopilación de sus mejores monólogos desde que empezó a ser cara conocida del stand-up en Paramount Comedy pasando por “La Hora Chanante” o “Smonka”, recalando luego en “Muchachada Nui” y “Museo Coconut”. Ernesto exagera su vida en los monólogos, pero básicamente es la vida de todos la que desarrolla con ingenio. 

Hablamos de “Despedida Coconut” como un recopilatorio de tus mejores monólogos, pero es cierto que algunas cosas de las que cuentas te han pasado. ¿Sería entonces un “greatest hits” de tu vida?

Bueno, no es mi vida totalmente de lo que hablo, aunque lo que cuento sobre mi vida en los monólogos son casi exageraciones. Hacer un “greatest hits” de mi vida sería muy aburrido y tampoco sería muy gracioso (risas). 

Pero hay ciertos pasajes cotidianos con los que la gente se siente muy identificada.

Claro, son chistes y cosas normales pero que no tienen que ver con mi vida. Hablo de mi familia, sí, pero ya te digo, son cosas muy exageradas. 

Bueno, me imagino que el monólogo del psicópata no tendrá mucho de realidad…

¿Ves? Eso sí me ha pasado (risas). 

El espectáculo servirá para dejar atrás el material antiguo, aunque supongo que ya tendrás más o menos encauzado el nuevo.

Sí, ya lo estoy escribiendo. Está en camino y todavía no lo he terminado porque es un proceso muy largo. No solamente tienes que escribirlo, sino que además tienes que probarlo después. Tu intención va hasta un punto, pero es el público el que te dice si eso funciona o no funciona. Entonces, no sirve de nada escribir y escribir si luego no lo pruebas. De ahí que sea un proceso muy largo. 

¿Y cómo lo pruebas?

Pues en salas pequeñas. Vas probando trocitos de lo nuevo y así compruebas qué es lo que funciona y lo que no. De ese modo vas tirando o incorporando cosas. 

Hay una frase de los Monty Python que dice que “un asesino no es más que un suicida extrovertido”. Curiosamente, tú eres bastante tímido.

(Risas) Es cierto. Y ese carácter va a seguir siempre, aunque últimamente ya lo estoy suavizando. Recuerdo que antes salía a actuar muy serio. 

¿Nervios?

Sí, por tema de nervios. Lo que pasa es que ya era lo que menos me costaba hacer: salir así y soltar el material, mis bromas, serio totalmente. Pero la verdad es que no fue nada planeado, sino que los nervios estaban también ahí mezclados. Eso, al final, se quedó en lo que es mi estilo. Es algo que está muy bien, pero puedes llevarte alguna que otra sorpresa cuando no te funcionan las bromas cuando la gente ve a un tío tan serio (risas). Por eso lo estoy suavizando ahora, dándole un poquito más de ritmo, pero sigo siendo serio haciendo monólogos. 

Tampoco vas a salir como un cachondo mental.

Es que no me gustan los cómicos que se están riendo de sus propios chistes. Si ya los ha soltado un montón de veces. ¿Le harán gracia realmente? ¡Venga ya, hombre! 

¿Se te han ofendido alguna vez por hacer cierto tipo de chiste?

Siempre va a haber alguien que se va a sentir ofendido cuando hagas un chiste. Siempre. Pero eso es porque hay gente que no tiene sentido del humor. De todas formas, todos los chistes tienen siempre alguna víctima. 

¿Aunque sean chistes blancos?

Aunque sean chistes blancos. A no ser que hagas un chiste sobre lo graciosos que son los conejos, ahí no vas a recibir ninguna crítica. 

Bueno…

O sí, vete tú a saber. Hay gente rarísima. Pero sí, siempre va a haber alguien que se moleste. Cuanta más gente te oiga, más gente se va a molestar. Siendo un cómico underground nunca hay nadie que se molesta, pero cuando ya haces una cosa que lo ve más gente… es posible que alguno salga. De todas formas, creo que cuando el humor está bien es cuando está al límite. No me gusta el humor blanco, pero me gusta variar y hay momentos en los que el humor no puede ser familiar, así que siempre habrá alguien que se acabará molestando. Pero en fin, hay que tener sentido del humor, ¿no? 

Con Paquirrín habéis hecho muchos chistes…

(Risas) Bueno, Paquirrín… es que es muy fácil meterse con Paquirrín. 

Pero sí me consta que Sánchez Dragó se enfadó por el “celebritie” que le hicisteis.

Sí. Dijo que, de todas las imitaciones que le habían hecho, ésa era la peor. No entendió nada de lo que se ofrecía porque además dijo que él no hablaba así. Pero bueno, eso es así. Precisamente, esa parodia de Sánchez Dragó no estaba hecha con cariño porque nos cae fatal, así que entiendo que le jodiera. 

O sea, que los celebrities los hacéis independientemente de si el personaje os cae mal o bien.

Se hacen igual, nos caiga bien o mal (risas). Si le tienes poco cariño… vas a destajo, pero si le tienes respeto o cariño, vas en plan amable. Lo siento, pero es así (risas). 

¿Algún ejemplo en el que fuerais a degüello?

No existe la intención de ir a degüello, pero como hablábamos de todos los aspectos de su vida, si le tienes un poco de manía al personaje, destacabas y hacías chistes sobre lo que más te llamaba la atención. El de Nacho Cano, por ejemplo, iba bastante a muerte. 

Tengo curiosidad por saber cómo fue el de Alaska y Mario Vaquerizo.

Ése se hizo con mucho cariño. De hecho, a ella no le molestó. Bueno, igual a Mario Vaquerizo sí le molestó un poco (risas). 

Eres guionista también, así que tengo que preguntarte sobre si alguna vez te han escrito un monólogo.

No, nunca me han escrito un monólogo. He recibido ayuda de compañeros cómicos, pero eso es algo que hacemos todos los humoristas. El colega del humorista, que también es cómico, es el que le ayuda con el monólogo a la hora de hablar sobre los temas. Digamos que es como un partido de ping-pong en ese sentido porque él puede hacer un remate que a ti, a lo mejor, no se te había ocurrido. Por lo tanto, esa idea la incorporas a tu material. Cosa que también se hace al revés, claro. 

Como un caddy en el golf, ¿no?

Sí, algo así. En mi caso, hago mucho esto con Miguel Esteban, que es otro cómico también. Pero bueno, siempre tratas de llevar tú tu propio material –cosas que te funcionan y cosas que no te funcionan- para comentarlo con él, ver ideas, giros, comentarios… Es una cosa que tiene muchísima importancia porque en la comedia está muy bien probar los chistes siempre que se pueda, sea con un colega o con un compañero. 

¿Como Ana Rosa Quintana con el libro?

(Risas) No, no. Esto que te digo no tiene nada que ver con tener “negros”. 

¿Y qué es eso de que habrá una parte musical en “Despedida Coconut”? ¿Vas a cantar?

Sí, pero es una cosa para el final, una sorpresa. 

Me consta que tocabas la batería hace tiempo, por cierto.

También, pero eso era cuando era joven, aunque no se me ha olvidado del todo. De hecho, tuve un grupo estando en el instituto y otro cuando estuve en la universidad. 

¿Tenían nombre?

Tuve varios. En el instituto estuve en Censura2. El –dos era con número, así que era bastante triste (risas). Luego, en la facultad, estaba el otro grupo, pero era ya directamente de cachondeo. Se llamaba Esquinas Turbias. El nombre daba tanto asco que a la vez molaba. 

¿Esquinas con Q o con K?

Con Q. Hasta ahí no llegábamos (risas). Esquinas Turbias… con Raúl Cimas. Cantaba él. Bueno, cantaba… hacía lo que podía (risas). 

Viniste de la universidad de Cuenca a Madrid y encontraste trabajo en la Paramount, justo cuando todavía había sueldos y tal… Tuviste mucha suerte.

Totalmente, tuve mucha suerte. Recuerdo que en el momento en el que vine yo, que fue hace 12 años, había un montón de trabajo. También estaban las .com ahí a tope. Fíjate, rechacé varias ofertas de trabajo antes de entrar en Paramount. Eran trabajos en páginas webs que me querían contratar para hacer animaciones flash. Pero claro, había un montón de trabajo. Yo, con 21 años, pude rechazar ofertas, cosa que ahora parece de ciencia ficción. 

¿Y también rechazabas mujeres?

Más o menos (risas). 

Es posible que haya gente que se meta en esto creyendo que se ganará la vida fácilmente, ¿no?

Bueno, antes había unos circuitos con un montón de gente que hacía monólogos en su bar. Eso fue cuando yo empecé, que era un poco la época en la que empezó a explotar esto de los monólogos. Entonces claro, los bares empezaron a tener sus monólogos, así que aunque fueses un cómico primerizo podías vivir de ello puesto que cada semana actuabas cuatro veces si querías en sitios diferentes. Con poco que te pagaran ya tenías para pasar el mes. Ahora es una mala época para esto, pero también para empezar en cualquier otra cosa. 

Se habrá “caído” mucha gente por el camino, supongo.

Es que la gente que antes hacía monólogos, ahora los ha dejado de hacer porque ya no les funciona tanto como antes. 

Es irónico que algo como el humor haya terminado en algo tan triste.

Claro. Ahora sigue habiendo gente, pero las cosas que se hacen son muy underground y actuando por las copas que les están poniendo. 

¿Podría servir esta vicisitud como corte de calidad?

Sí, pero eso siempre ha sido así. Antes también había cortes, pero antes también pagaban. En realidad es el público el que tiene la última palabra. Es el que dice quién funciona y quién no. 

¿Crees que en España el humor está estancado todavía en los chistes de Arévalo o Paco Gandía?

(Risas) Hombre, yo no oigo chistes de esos. Arévalo y Paco Gandía están ya muy pasados. Aunque me han hablado muy bien del espectáculo de Arévalo y Bertín Osborne [“Mellizos”]. 

¿Es ironía?

No, es verdad. Mi hermana melliza me dijo que se murió de la risa. No sé por qué será (risas). 

¿Y piensas que hay poca originalidad? Se suele recurrir a temas como la adolescencia, las pajas…

Es que las pajas me hacen mucha gracia (risas). Creo que los temas van a ser siempre los mismos, pero lo que cambia serán las perspectivas del humorista. O sea, cómo ve esos temas él. Los temas van a ser siempre los mismos si funcionan. Si te pones a hablar de cosas raras, cosa que he hecho, la gente no se va a reír igual que si hablas de tu novia, de tu padre o de tu madre. Los temas son universales, y en el stand-up se trata de que el público se identifique contigo. Antes lo has nombrado, pero el monólogo que hice del psicópata no me funcionó siempre. No es de ese tipo de monólogos que vayan a funcionar al cien por cien. Son monólogos en los que yo buscaba un poco la originalidad de los temas. Pero ya cuando los vas haciendo y vas dándote hostias, te das cuenta que tienes que hacer monólogos de temas que la gente conozca. Es sí, siempre con una perspectiva original. 

¿Eso no te limita cuando quieras experimentar con algún tema?

No. La vida es muy amplia y, en general, no se agota ningún tema. Pero ya te digo, se puede ser original hablando de los mismos temas de siempre. 

Pero improvisas, como cuando se te olvida el texto y dices que te ha dado un aire.

Efectivamente (risas). Eso fue una cosa que me pasó una vez. Se me olvidó el texto y dije lo de que me había dado un aire. Hizo gracia y la gente se rió. Es un truco. 

¿Qué ha sido de “Retorno a Lílifor”?

Pues eso digo yo: ¿qué ha pasado? No sé. Lo tienen metido en un cajón en Neox, en Antena3. A nosotros nos gustaría mucho que lo emitieran, pero no lo emiten. Lo tienen ahí metido en un cajón desde hace un año. No sé qué pasará con eso. Espero que lo estrenen. A ver si esto de los Goya nos ayuda a darle un espaldarazo porque lo tienen parado. Y claro, hasta que no se emita no podremos saber si gusta o no a la gente para que nos pidan más. 

Entiendo que se ha grabado una temporada entera…

Correcto, una temporada entera. Pero ahí está. 

Respecto a los demás programas, ¿grababais los scketches en un mismo día?

Sí, hacíamos varios en un mismo día. Con El Gañán, por ejemplo, podíamos estar una mañana entera o una tarde. Según. Cuando íbamos a croma aprovechábamos para hacer ese tipo de cosas. 

“Despedida Coconut” va a tener guiños a esos personajes, pero… ¿también estarán en el nuevo material?

Bueno, en los monólogos siempre hago guiños u homenajes a personajes, pero están muy velados y casi no se notan. Con lo nuevo… pues sí, también habrá guiños, supongo, pero en principio no. Habrá nuevos chistes. 

¿Cómo llevas el encasillamiento?

Es algo que me ha estado pasando durante muchos años. Ahora es cuando la gente empieza a decir mi nombre por la calle porque durante muchos años he sido, para ellos, El Gañán. Incluso me lo gritaban en la oreja (risas). 

Hay gente que piensa que un cómico siempre está dispuesto a hacerle un chiste…

Pues sí, hay gente que así lo cree. Me han parado por la calle para que les contara un chiste varias veces, pero yo les respondía: “Sí, sí, claro. Si me pagas, te lo hago. Como soy profesional…”. Es como si te encuentras a un panadero y le dices que te dé una barra de pan. Se la pagas, ¿no? Pues yo igual. Les pido dinero… o drogas (risas).

Madrileño y periodista, aunque no necesariamente en ese orden. Escribe para Esquire, Forbes, Gonzoo y Popular 1. Antes estuvo en Cambio16, Jot Down o Efe Eme, entre otros.

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