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Javier Gómez: «En España hay un nivel de moral pública, de exigencia, ínfimo»

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Javier Gómez, rostro de laSexta Deportes y colaborador de la Revista Gigantes del Basket, puede presumir de tener una larga carrera como periodista, trabajando en agencias, periódicos, radios y televisiones en varios países. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, Javier ha sido corresponsal político en Francia para Europa Press y La Razón, y fue en el país galo donde terminó de incorporarse al mundo del periodismo deportivo haciendo un resumen semanal de la Liga Española en L’Équipe du Dimanche, en Canal+Francia. También ha colaborado en publicaciones tan prestigiosas como el periódico italiano Corriere de la Sera, el francés Le Progrés, el semanario Tiempo, fundado por Gabriel García Márquez y el diario polaco Gazeta Wyborcza. A su regreso a nuestro país, primero fue redactor especializado en terrorismo y política en el diario El Mundo para posteriormente incorporarse en 2010 a la redacción de deportes de laSexta, en donde es presentador de la edición noche de laSexta Deportes.

¿Periodista político que habla de deporte o periodista deportivo que habla de política? ¿Cómo te defines?

Sin adjetivos. Periodista. Y, como tal, alguien sin mucho conocimiento específico que intenta contar historias interesantes, ya sean de deporte,  política o cualquier tema. Hay gente con un sentido admirable de la trascendencia y providencialidad del periodismo: yo me conformo con no aburrir, que ya es un objetivo complicadísimo. 

¿El deporte es política?

Eso depende del concepto que se tenga de sociedad. Para mí todo es política, deporte incluido. O, mejor dicho, todo tiene una mirada política. El deporte es un sector que no es ajeno a la sociedad en la que existe, tiene repercusión pública, permite identificación con valores y símbolos, relaciones de poder internas y hacia fuera, genera injusticias, mueve cantidades millonarias, paga cotizaciones (o no) a Hacienda, sirve para conseguir muchos fines… ¿La candidatura de Madrid 2020 no era una apuesta política? ¿Los aficionados del Rácing que esperan a sus jugadores y gritan que su presidente les pague no protestan ante una injusticia de un patrón que no abona el sueldo a sus trabajadores? ¿Los políticos que hacen llamadas para intentar colocar a su presidente de la ACB qué persiguen? 

A lo largo de la historia, se han producido ciclos de ascenso y caída de los imperios durante ciertos periodos de tiempo. Muchos afirman que nuestra democracia hoy en día parece que atraviesa una evidente crisis de madurez, dado su déficit de representación y el fuerte desprestigio de la clase política por los escándalos de corrupción.  Aplicando por analogía estos términos, ¿podríamos afirmar que hemos llegado ya a ese punto de inflexión biográfica que conocemos como crisis de los 40?

¿La crisis de los 40 de la democracia? No lo había leído nunca pero me parece interesante. Pero entonces Francia, cuya democracia post Segunda Guerra Mundial tiene 68 años, se enfrentaría a su “crisis Viagra”. Y, en cambio, tiene los mismos problemas que España, Italia o incluso Estados Unidos. Para mí, no atravesamos exactamente un cuestionamiento de la democracia representativa, sino un cambio de la balanza global, donde por primera vez desde mediados del XX empieza a cambiar la jerarquía entre países pobres y ricos. Y en todas las sociedades que salieron aventajadas del siglo anterior se produce la primera generación de hijos más pobres que sus padres. Hace diez años, cuando rulaban los billetes de 500, pocos se planteaban los déficits de representatividad de la democracia. Eso sí, la gangrena de este sistema de pisacorbatas, asador y comisiones sólo acelera la cuesta abajo. 

La anulación por parte del tribunal de DDHH de Estrasburgo de la doctrina Parot ha causado mucho revuelo no ya sólo en las tertulias de la TDT party sino también en buena parte de la sociedad española. Incluso el gobierno de Rajoy ha manifestado su desacuerdo con la decisión de la alta instancia europea. Todo comenzó en febrero de 2006 cuando el por aquel entonces Ministro de Justicia, Juan Fernando López-Aguilar, defendió la decisión de mantener a Henri Parot en prisión para “enviar un mensaje de tranquilidad a la ciudadanía”. ¿Los políticos de este país han utilizado la justicia como ansiolítico para sus ciudadanos?

Pues curiosamente creo que los jueces son los que más están salvando la cara en esta crisis. Sin miedo a procesar a una Infanta, mandar a la cárcel a un ex presidente de Bankia, investigando a los partidos políticos o aplicando sentencias que, recordemos, proceden de una instancia a la que España ha decidido someterse voluntariamente, como Estrasburgo. La justicia retroactiva es ilegal y no hay muchas más vueltas que darle. 

¿El debate acerca de la doctrina Parot se ha convertido en una cuestión más sentimental que jurídica?

Es sentimental, histórica, epidérmica y visceral. Si me apuras, comprensible en las víctimas. Mucho menos en ciertos políticos que intentan vehicular o nutrirse de ese caudal sentimental. Jurídicamente no veo reproche alguno. Dado que hay mayor preocupación social sobre la corrupción, podríamos aumentar las penas por los delitos relacionados con ella. ¿Aceptarían los políticos que se aplicaran los nuevos castigos a los que ya fueron condenados? Y no comparo la gravedad de unos delitos y otros, sino el principio jurídico. 

¿Un buen Gobierno debe gobernar con la cabeza o con el corazón?

Puestos a elegir, con la cabeza. El corazón suele llevar a la demagogia, en la izquierda y en la derecha. Ya dijo Willy Brandt que el que no haya sido comunista con 18 no tiene corazón. Pero dijo 18, no 48. 

Precisamente este pasado mes de Septiembre la enésima candidatura olímpica de Madrid se llevó un gran varapalo al ser eliminada a las primeras de cambio. Semanas antes se había vendido un gran optimismo desde la propia candidatura. Sin embargo, también existía una gran parte de los madrileños en contra de la candidatura. ¿En dónde te posicionas? ¿En aquellos que afirman que los JJOO en Madrid supondría inversiones de muchos millones de dudosa utilidad y recortes en otras partidas como sanidad o educación o aquellos que defienden que la celebración de unos JJOO generaría riqueza no solamente en la capital sino en el conjunto del país?

Me tocó cubrir aquel evento. La candidatura de Madrid 2020 era a la vez una tabla de salvación para nuestro deporte no comercial, herido de muerte, y un sinsentido político como se han visto pocos. Yo ya avisé desde meses antes que veía muy pocas opciones para Madrid. Una ciudad en quiebra, con recortes brutales, no necesita propaganda, eventos megalómanos, ni más desarrollo urbanístico (que suele ser el mejor legado de los Juegos): necesita inversiones a largo plazo, nuevos sectores de desarrollo, política en voz baja y letra pequeña. En cambio, está claro que los responsables madrileños, quizá por falta de ideas, prefieren el faraonismo de la nada, como los casinos fantasma de Adelson o los continuados fracasos olímpicos.

¿Crees que desde los medios se reflejaron las dos realidades de la sociedad española o en muchos casos se intentó sacar de foto u ocultar la opinión de aquellos que se oponían al proyecto olímpico?

Recuerdo el comentario de dos importantes gerentes periodísticos en el avión de ida a Buenos Aires: “Con las olimpiadas nos jugamos mucho dinero”. Supongo que esa es la respuesta. No lo critico: unos Juegos suponen patrocinadores, interés y por tanto empleo en sus medios. También se vende mejor una noticia positiva que negativa. Ahí sólo puedo decir que en laSexta informamos de ambas cosas, de las dos realidades, y yo mismo contaba los dos días anteriores a la elección que lo más probable era el fracaso. 

Tras los últimos varapalos electorales de los partidos socialdemócratas tradicionales en buena parte de Europa han surgido nuevos movimientos sociales de ideología de izquierda e incluso plataformas o coaliciones políticas de línea rupturista con el statu quo de la política occidental. Muchas voces vaticinan que es posible la creación de un gran “frente popular” en España que aglutine a todas las fuerzas de izquierda. ¿Factible o utópico?

Parece sintomático que la mejor idea de la izquierda sea empezar copiando el nombre de una candidatura de los años 30. Puede haber coaliciones múltiples de izquierda, y de hecho las ha habido en países cercanos como Francia o Italia. Pero los resultados de esos ejemplos no son muy alentadores. La izquierda parlamentaria se ha quedado sin paradigma precisamente cuando más fácil lo tenía para demostrar la derrota de algunos dogmas del liberalismo. Hasta que no lo encuentre, poco importan las alianzas.

Algo parecido ocurrió a menor escala en las últimas elecciones gallegas con la candidatura de AGE, coalición de izquierdas formada por ANOVA e IU. Ambas formaciones sin representación electoral en la anterior legislatura y que irrumpieron en el Parlamento gallego con fuerza el año pasado (9 escaños). ¿Crees que esta fórmula se aplicará en otras comunidades autónomas?

Honestamente, no conozco con tanta profundidad la realidad de cada autonomía como para pronunciarme. No me extraña que ganen votos partidos más a la izquierda de un PSOE hecho añicos. Pero mientras la izquierda no renueve sus postulados y convenza a más votantes, al final lo que va a estar en juego es el reparto de fichas en la oposición, no la posibilidad de gobernar. En Galicia hubo un experimento interesante, pero la realidad es que gobierna Feijoo.

Figuras como la de X.M. Beiras siempre han estado bajo sospecha para muchos sectores de la prensa. Algunos lo acusan de aplicar la “fórmula Grillo” y emplear un discurso populista para ganar adeptos. Otros, que es el líder del que adolece la izquierda a nivel estatal. ¿Es Beiras el Tom Waits de la política?

(Risas) Supongo que decir eso le encantaría a Beiras y un poco menos a Tom Waits. Tengo estima intelectual y, no sé cómo decirlo, vital, por Beiras. Vivir así la política por mucho que pasen los años es algo envidiable. Con quien no lo compararía nunca es con Beppe Grillo, que me parece un demagogo del grito y el chiste, un populista del siglo XXI, que ha cambiado pasquines por redes sociales, pero muy peligroso. No por anti establishment, sino por anti Estado. Escribí sobre un discurso suyo en Palermo diciendo que los que pedían el pizzo, el impuesto de la mafia, no eran tan peligrosos como los políticos. En la crítica a muchos corruptos podemos coincidir, pero hay que ser infame para decir algo así en una plaza en Sicilia.

La aprobación de la nueva LOMCE, popularmente conocida como Ley Wert, ha provocado un rechazo unánime de toda la comunidad educativa. Se vuelve a elaborar la enésima ley de educación sin el consenso social necesario para afianzar el modelo a largo plazo. ¿Ese muro al que se refería Pink Floyd con su música continúa presente en nuestra sociedad? ¿La estructura del sistema educativo español sigue siendo demasiado férrea o Merkeliana?

Vaya por delante que me aburre soberanamente Pink Floyd. Tampoco me va usar merkeliano como insulto: ya le gustaría a España poder importar el modelo educativo alemán. A mí lo que me molesta, por encima incluso de que cada Gobierno quiera aplicar su ley, es que quiera aplicar su moral. Y me vale para la Educación, el aborto o la investigación con células madre. ¿Lo ideal? Que la Educación fuera un territorio blindado a partidismos. ¿Posibilidades? En un país como España, ninguna. Lo siento, no veo posibilidad alguna de que crezca el sentido de responsabilidad de nuestra clase política. 

Uno de los principales “problemas” que aparecen en todas las encuestas del CIS es “la clase política” y la “corrupción”. Los últimos escándalos como los ERES en Andalucía o el Caso Bárcenas en el Partido Popular. ¿Por qué cuesta tanto dimitir aquí y en otros países es una decisión muy respetable y habitual en la clase política? ¿Dimitir es una decisión valiente o cobarde?

Dimitir es la única solución, en ciertos casos. ¿Por qué es tan difícil? Tiene que ver con mi respuesta anterior: En España hay un nivel de moral pública, de exigencia, ínfimo. No creo que cambie. Somos, como Italia, países de pillos. Eso nos ha valido para tener una literatura estupenda durante siglos, una imagen ideal como destino turístico de charanga y unas estructuras estatales corroídas, con una clase política y funcionaria de menor nivel que en otros países europeos. 

Mientras salen a la palestra pública casi a diario nuevos casos de corrupción o conductas éticamente reprobables, un jugador de fútbol imputado por fraude fiscal es ovacionado a la entrada del juzgado. Algo falla, ¿no?

También fue ovacionada Lola Flores hace décadas. Los ídolos del pueblo, y ahora lo son los futbolistas, tienen un escudo público que les permite salir indemnes de casi todo. Mira Maradona. O Mike Tyson. Claro que algo falla, pero ese populismo no es sólo de los que aplauden en las ovaciones. También invade los medios cuando corremos a defender a nuestros deportistas si son acusados de dopaje. Los ídolos deportivos salen por lo general indemnes de juicios más allá de la pelota, el ring o el campo de juego. Es tan feo como inevitable.

Pasamos de la política al deporte y más concretamente al fútbol. El Atlético de Madrid se ha unido a la clásica lucha Real Madrid vs Barcelona por el campeonato de esta temporada. ¿El equipo rojiblanco tiene plantilla suficiente para poder competir hasta el final en las tres competiciones?

Con otro entrenador quizás no. La capacidad de Simeone para tener a todo su equipo en estado de alerta mental, entrega espiritual, derroche físico y comunión con su tribu de espectadores es tremebunda. Les veo capaces de todo. 

¿Se echa de menos a Mourinho y Guardiola en la Liga BBVA?

Pues no sé qué decirte. Generaban información, interés y polémica, sin duda. Pero también a veces cierto cansancio. Probablemente el mismo que les afectó a la hora de decidir irse, porque fueron ellos quienes zarparon. Semejante nivel de intensidad es difícil de sostener. Imagino que la respuesta habitual es decir que convienen personajes así. No hay duda. Pero también los personajes toca renovarlos. 

Una de tus grandes pasiones es el baloncesto. ¿Nos podrías decir cuáles son para ti a día de hoy los cuatro equipos favoritos para disputar la Final Four en Milán?

Real Madrid, Fenerbahce, CSKA, Olympiakos y Barcelona. Entre esos cinco estarán los cuatro finalistas. 

El Real Madrid de Pablo Laso está batiendo récords de imbatibilidad esta temporada y con un juego muy atractivo para el espectador. La Euroliga aparece como el principal objetivo del equipo este año. Un sector de la prensa y afición afirma que este equipo es el mejor Real Madrid de la historia; otros, más prudentes, creen que si este juego tan excelso y brillante no se refrenda con una Euroliga no sirve de nada. ¿En qué bando te posicionas?

Aquellos grandes equipos no se enfrentaron con una exigencia de calendario similar, ni tampoco a tantos rivales tan buenos y tan poderosos. Conseguir estos registros, hoy, es mucho más complicado que entonces. Claro que el Madrid está haciendo historia. Pero eso no significa que haya culminado su singladura. La Euroliga es el broche soñado. Pero conseguir llenar el Palacio de los Deportes en tiempo de crisis, tener portadas de prensa tal como está el baloncesto, llenar las canchas allí donde va, consolidarse como una de las mejores ofertas de ocio de la capital en pleno marasmo del basket, tener un equipo donde todos tienen su rol y lo asumen sin crisis de ego, todo eso tiene mucho valor, se gane o no la Euroliga. 

Uno de los problemas más graves del baloncesto en España es la ausencia de patrocinadores estables y operadores televisivos que cuiden y promocionen el producto. ¿Hay solución?

No me pagan a mí para buscarla. Solución hay, porque ligas menos competitivas como la francesa o la alemana han encontrado una viabilidad económica. Se vivió tanto del dinero público en España, que se olvidó la inversión en estructuras fuera del paraguas de ayuntamientos, diputaciones, comunidades y demás.

A raíz de la compra por parte de Canal+ de los derechos para retransmitir la Euroleague, la máxima competición europea de baloncesto en la que participan Real Madrid, Barcelona, Baskonia y Unicaja, se ha generado un interesante debate. ¿Baloncesto en abierto, más audiencia y peor promoción o baloncesto de pago, audiencia elitista y mejor promoción?

Los derechos tienen que ser para los que presenten las mejores ofertas. Y si es dinero privado y no de todos, mejor, porque yo quiero guarderías públicas y no fútbol gratis. La mayoría de los deportes se emiten en el mundo en canales de pago y nadie grita “¡injusticia!”. Son productos de ocio, y quien quiere consumirlos los compra. Lo de emitir en abierto para conseguir repercusión creo que podía ser un debate hace años. Ahora ha quedado demostrado que es obligatoriamente sinónimo de impacto. Todo depende de cómo se cuide el producto.

La forma de ejercer el periodismo por parte de algunos medios de comunicación en los últimos años ha causado rechazo a una parte importante de los aficionados al deporte. Campañas como la de MARCA contra Manuel Pellegrini y Ettore Messina o la Cadena COPE contra José Mourinho han generado un clima de crispación entre periodistas y aficionados que nunca antes se había visto. ¿Se está haciendo un flaco favor al periodismo deportivo, no?

El periodismo ha vivido siempre en una campaña permanente, contra un Gobierno, un entrenador, un ministro, un presidente de banco corrupto o una infanta que pagaba sus clases de merengue y chachachá con dinero defraudado. No me va mucho eso del periodismo objetivo, virginal y sin intereses. Bueno, tanto como Papá Noel, porque ninguno de los dos existe. Otra cosa son los límites que te marcas en tu trabajo, como periodista, y los que te marca el propio medio. Ahí, cada uno es responsable de las rayas que haya pisado. No soy quién para darle lecciones a nadie. Hay casos en que me ha estomagado ver cómo se comportaban algunos compañeros para compensar su podredumbre con una destitución que ponerse en la pechera, como quien cuelga la cabeza del ciervo en su salón. Y otros en que me ha parecido bien el periodismo agresivo contra algún personaje, no sólo en el ámbito deportivo. Supongo que soy tan injusto como cualquiera en eso, con mis filias y fobias, entre mis colegas y entre la gente de la que informamos. 

Las redes sociales, especialmente Twitter, han cambiado la forma de trabajar en una redacción. La información es prácticamente instantánea y accesible para todo el mundo. Muchas noticias publicadas en prensa escrita a primera hora de la mañana ya han caducado a las diez de la mañana. ¿El soporte en papel tiene futuro? ¿Necesita reinventarse?

Creo que la pregunta no es si necesita reinventarse, eso es obvio. La cuestión es si podrá hacerlo. Ahí tiendo al pesimismo. Algo quedará en papel, pero ignoro el qué. Estos periódicos que han vertebrado el debate público desde hace un siglo seguro que no. Ahora, precisamente, ese debate público se vehicula por las redes sociales. Y enfrento los verbos vertebrar y vehicular. Los periódicos son ordenados, reflexivos. Las redes son impulsivas e invertebradas. Pero también mucho menos influenciables. Veremos. La respuesta, por ahora, no existe. Pero desde luego, si en la carrera nos hablaban de la sociedad de la información, en dos décadas como poco hemos pasado a la sociedad de la multicomunicación. No se si casi llamarla infosociedad, porque todos somos consumidores pero también productores de información.

¿Con qué faceta disfrutas más, escribiendo en prensa escrita o presentando un informativo de televisión?

Son muy diferentes. La televisión es más un polvo de escalera, con sus placeres rápidos y sus incomodidades. Pero que nadie saque conclusiones si digo que a mí me produce más placer personal escribir… No, en serio, como actividad me quedo con escribir, pero como placer profesional prefiero presentar un informativo. Encuentro más satisfacción en la televisión que escribiendo en un periódico de hoy en día, como también he hecho. Me gusta más la materia prima de la escritura, pero como producto elaborado, el televisivo.

¿Qué opinas de ‘The Newsroom’? ¿Te identificas en la manera que Aaron Sorkin refleja el trabajo diario en una redacción?

No la aguanto. Precisamente porque me parece un ejemplo del periodismo virginal, ñoño, ajeno a la realidad del trabajo de una redacción. Pero creo que si no fuera periodista me gustaría. ¿Todos los polis son guapos y dan siempre en el blanco cuando disparan al malo? Pues las series de policías se parecen a las comisarías lo que Newsroom a una redacción real.

¿Cuáles son tus series preferidas de televisión?

Muchas. Más allá de The Wire, en los últimos tiempos me han encantado Boss, House of Cards, Utopía, Romanzo Criminale o Luther.

Ya estamos acabando. ¿Nos podrías recomendar un disco, un libro y una película?

Mejor tres libros, que es más mi terreno. A bote pronto me salen “Los Millones”, de Santiago Lorenzo, “La Maleta”, de Sergei Dovlatov, y “Una historia simple”, de Leonardo Sciascia. Un disco, “For the World”, de Ed Askew.

Por último, ¿Qué titular le pondrías a esta entrevista?

Para una vez que no me toca ponerlo, paso palabra. Hablar de uno mismo es siempre una osadía. Titularse a sí mismo, una temeridad.

Mitad politólogo, mitad melómano. Observador implacable de la política, con especial interés por la comunicación y marketing político. Agitador online al ritmo de bandas como Tame Impala, Pink Floyd o The Smiths. Tengo más caché que Google.

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