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Mario Vaquerizo: «Me descojono de mí mismo desde que me levanto hasta que me acuesto»

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No se sabría decir si Mario Vaquerizo es exactamente un personaje o una persona. Vale, es una «persona humana» eso está claro, pero se le ha cuestionado -y hasta dudado de su sexualidad- tanto, que han terminado por considerarlo un extraterrestre. Mario vino a La Tierra y aterrizó en algún lugar de Madrid, lejos del pensamiento humano más racional y clasista. Él no quiso comprender (tampoco lo pretendió) que ser presuntuoso obliga a darse de bruces con la frustración. Fuma un cigarrillo (ofrece al entrevistador) y bebe cerveza en un rincón tranquilo de la sala Costello de Madrid. Viste de negro, pero no hay que preguntarse el por qué.

Los hay que piensan (y dicen) que eres un personaje de patochada…

Hombre, es que en el momento en el que decides exponerte a la opinión pública tienes que estar preparado para que te digan que eres de patochada, que eres maravilloso, que eres un genio o que eres un fraude. El problema no está en lo que diga la gente de ti, sino que la virtud (o el problema) está en lo que tú pienses que te consideras. 

¿Qué te consideras tú?

Me considero una persona muy normal y un privilegiado porque en cada momento hago lo que quiero, sea para bien o sea para mal. 

Y lo haces, de hecho.

Sí, porque me puedo permitir el lujo de hacer en cada momento lo que quiero. A veces no lo he podido hacer, pero en este momento, y últimamente, sí. Aunque también es verdad que siempre lo he hecho. Hasta incluso en el instituto cuando me compraba la Súper Pop y me forraba la carpeta con fotos de John Travolta y de Mecano. Mis compañeros me llamaban maricón, pero me daba exactamente igual. A ver, no es lo mismo que te insulten así cuando tienes doce años que cuando tienes cuarenta, pero es que en el fondo soy una persona muy libre y todo eso encierra el sentirte muy seguro. Puede ser una prepotencia, pero al que le guste… esto es lo que hay. Y al que no le guste… pues lo mismo. Me resbala. 

Hombre, “Haciendo majaradas, diciendo tonterías” fue un libro que se convirtió en best seller.

¡Fue demasiado! Y mira que puse ese título para que vieran que yo no engaño a nadie. Ese libro refleja lo que soy yo: una persona que se ríe de sí misma desde que se levanta hasta que se acuesta, y es una declaración de principios. Creo que el sentido del humor enlazado con el sentido común es lo que salva la vida, a la vez con la prepotencia y con la arrogancia de tener muy claro quién eres y cómo eres. ¿Sabes lo que pasa? Que yo estoy en tierra de nadie. Soy un marciano o un extraterrestre, como dijeron hace poco en las noticias nombrándome el vigésimo séptimo extraterrestre del mundo más influyente. 

¿Como Bowie?

¡Ojalá! Ojalá pudiera ser como Bowie, pero eso es imposible. Eso sí que son marcianos y dioses del Olimpo, como Fabio [McNamara] y muchísima otra gente la que admiro. Pero es un poco eso, ser como eres porque estás seguro de ti mismo. La gente piensa que hago un personaje, pero no es así porque no estoy capacitado para hacer un personaje. De hecho, no soy actor, y hacer un personaje las veinticuatro horas del día tiene que ser bastante cansado, y yo soy muy vago en ese aspecto. Soy un marciano, lo reconozco. 

Acabas de decirme que estás en tierra de nadie cuando en realidad llegas a todo el mundo: desde gente joven hasta abuelas y madres apareciendo en programas como “El hormiguero” o “Qué tiempo tan feliz”. También están ahí las Nancys Rubias, el reality, tienes amistad con Esperanza Aguirre… Eres, sin duda, un tipo universal.

Lo que no soy es prejuicioso ni soy fundamentalista. Creo que los fundamentalismos y el prejuicio son dos grandes males que cargan sobre los seres humanos y sobre la humanidad. Te voy a poner un ejemplo muy claro hablando de música: para mí son tan buenos los Ramones como los Village People, porque los dos me hacen feliz cuando siento sus canciones. No hay ningún problema en que te gusten esos dos grupos o si te gustan Sex Pistols o Raffaella Carrá. En el fondo son lo mismo. Sí es cierto que por mi propia naturaleza y por mi falta de prejuicios me muevo por muchos mundos, que es lo mejor, porque de todo se aprende, para lo bueno y para lo malo. Puedo hacerme un photocall con Esperanza Aguirre –la que creo que es una buena política aunque sus propuestas políticas me espanten-, pero eso no significa que yo sea un acólito de Esperanza Aguirre, por ejemplo. A mí me han tachado muchas veces de ser un facha y de ser un ultraderechista por decir que Esperanza Aguirre me parecía una buena profesional. 

También se dijo que perteneciste a las juventudes del Partido Popular.

¡Qué va! Si yo no estoy en ninguna juventud de nada precisamente por eso, porque soy una persona libre que nunca se ha casado con nadie, porque no creo en un dogma… No todo tiene por qué ser blanco o negro, sino que también puede ser gris perla, que me parece un color maravilloso. Hay unas cosas de un lado que me parecen fantásticas y horrorosas como también me parecen maravillosas y horrorosas las del otro. Soy una persona libre, como ya te dicho, pero es sorprendente que, a día de hoy, siga sorprendiendo eso (valga la redundancia) y se siga cuestionando. 

¿Te sientes incomprendido?

No. Me sentiría incomprendido si no entrara en un pantalón de la talla 32 del H&M (risas). Eso es lo que sería para mí la mayor incomprensión. Cuando haces las cosas de manera sana y te muestras tal y como eres, más allá de que lo entiendan o no, tienes que sentirte a gusto, que es lo que importa. Me encanta estar con Pitita Ridruejo merendando en su casa y después irme a la GOA con los bakalas a drogarme. Y es que no está reñida una cosa de la otra porque también se aprende un montón. No tenemos que ser tan excluyentes. 

Te voy a decir una cosa, pero eres como el yerno que toda suegra quiere. Eres querido por las madres… ¡y por las abuelas!

Y es verdad. Lo noto mucho. A raíz del reality de “Alaska y Mario” se me ha conocido más convirtiéndome en una especie de revelación mediática, que me encanta, porque si no hubiera querido convertirme en una revelación mediática no habría hecho un reality, ¿sabes? Me hace mucha gracia. Están las abuelas, las madres y las niñas, así que me siento como Justin Bieber pero con 39 años. Pero más sano, porque cuando estás en la adolescencia no se está “muy allá”. La adolescencia es una etapa fatal y malísima para el ser humano debido a las dudas que te llegan, así que te pille todo eso con esta madurez hace que lo lleves mucho mejor. Vengo de un matriarcado y que las señoras mayores o las vecinas me paren por la calle para decirme que no me maquille tanto o que no adelgace más es lo que he vivido con mi madre y con mi abuela, que en paz descanse. Me siento muy cercano a ello porque lo he vivido. La verdad es que son cosas que tampoco me planteo hasta que alguien me las pregunta, como estás haciendo tú. La gente te lo muestra desde otro punto de vista porque desde dentro se ven de manera diferente a como se ven desde fuera. Pero es mejor no planteártelo, porque acabas loco. 

¿Como el que va haciendo equilibrios sobre una cuerda y mira hacia abajo?

Sí, algo así, aunque siempre miro hacia arriba y no me lo replanteo. Habrá muchas señoras a las que le parezca muy gracioso y otras a las que le parezca un mamarracho. Pero no hago las cosas para gustar a todo el mundo, sino porque me apetece hacerlas. Me lo puedo permitir por lo que me ha venido, que siempre lo digo. Soy muy “warholiano”, y la fama y el estatus, como el Pop y todo, es efímero, como el ser humano. Así que cuando uno está bien, lo que transmite es eso. 

Me viene a la cabeza el famoso concierto de Nancys Rubias en El Sol. Ya sabes, en el que os criticaron por hacer playback.

¡Si es que no hemos engañado! Vamos a ver: si yo hubiera ido de músico o de artesano… todavía. Tocar la guitarra lo puede hacer cualquiera. Yo, por ejemplo, si quisiera aprender a tocar la guitarra, sería como aprender mecanografía. Hago un curso de CCC, me dan la nota y ya está. No creo que sea necesario, a día de hoy. No eres más artista porque sepas tocar una guitarra. Lo veo así. Vengo del revulsivo “háztelo tú mismo”, del Punk. Sid Vicious y Los Pegamoides no sabían tocar. Sin querer desmerecer, claro, porque son conceptos diferentes. Lo que me sí me sorprende es que la gente se extrañe al ver que no tocamos, cuando nosotros ya dijimos que no sabíamos tocar. Somos el primer grupo autoprefabricado. Lo expusimos en una declaración de intenciones. Cuando voy al estudio y hablo con Juan Carlos [Moreno], que es el que toca todo, le digo cómo quiero que suene una canción o que me suba una guitarra. Creo que eso no hace a un artista menos dueño de su arte. 

Francamente, la gente sabe a lo que va cuando asiste a un concierto vuestro…

Mira, yo voy a conciertos, cosa que los críticos que cuestionan a las Nancys no suelen hacer. He ido a ver a Kiss las últimas veces que vinieron a España, como cuando vino Marilyn Manson, Kylie Minogue o Madonna. Una estrella es una estrella, y el Pop y el Rock es un espectáculo que va más allá de si sabes tocar o no o de si sabes cantar o no. He estado viendo a Gene Simmons y a Paul Stanley, y hay momentos en los que las guitarras están grabadas. ¡Pero eso no me importa! Yo quiero ver un espectáculo. Es como cuando vienen los Rolling Stones. Al pobre Keith Richards, después de caerse del cocotero, se le cae la guitarra, pero sigue sonando. ¡¿Qué más da?! 

Se demostró cuando Kiss se quitaron el maquillaje…

¡Ahí está! No gustaban. Bajó su popularidad cuando se quitaron el maquillaje, pero subieron cuando volvieron al maquillaje. Son formas distintas de ver la música. Respeto todo, pero reconozco que la canción protesta no me dice absolutamente nada. Ver a un señor descalzo, con una camisa de cuadros y con una guitarrita no me interesa. No estoy diciendo que sea ni mejor ni peor, simplemente digo que no me interesa nada. Para mí, el Pop y el Rock y la música no es solamente la música, sino el cómo lo tocas. Va más allá de que tengas un dominio técnico y tal. 

¿Se reduciría todo en lo que hace sentir?

Claro. Soy muy feliz cuando voy por los pueblos de España con las Nancys y se nos agolpan cinco mil personas viéndonos. No importa que suene o que no suene. Sí es cierto que aquí en España la gente es muy prejuiciosa, que no pasa nada, pero son formas y distintos idiomas. Y yo tengo un idioma; el de la sinceridad y el de la naturalidad. Es más, creo que las Nancys fuimos el primer grupo en reconocer que no sabíamos tocar. Y uno, aunque no sepa tocar, sabe cómo es la técnica. Y si una no llega, se le sube la pista para que cante y haga el gorgorito. Pero no pasa nada. Yo no critico al grupo que lo hace, sino que critico a los de atrás que están hablando de lo bien que suena. “¡Pero maricón, si el sonido está pregrabado! Parece mentira que seas crítico y que sepas que eso está enlatado”. 

Frank Zappa dijo que “escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. ¿Podemos aplicárselo también a Alice Cooper?

Por supuesto. Alice Cooper viene haciendo el mismo show desde el año 79: la enfermera cachonda que mete en la caja y la corta y tal y cual… Es lo que quiere ver la gente y lo que le divierte a Alice Cooper. Lo vi en Vistalegre la última vez que vino y me lo pasé fenomenal. ¿Me lo iba a pasar mejor si Alice Cooper estuviera cantando o no? 

Pero en tu caso, y aunque te diviertes haciendo lo que haces, también diviertes a la gente.

Sí, es que yo ya he quedado para cómico. Siempre lo digo. No, estoy bromeando (risas). Pero es lo que te decía antes sobre lo de que uno está muy seguro de lo que hace y de cómo es. Todo eso termina transmitiéndose. Fíjate, que me estoy poniendo intenso, medio metafísico y trascendental, cosa que tiendo a ser, pero la intensidad me da alergia. Aunque tenga esa naturaleza de intensidad, en el momento en el que me veo así, me echo para atrás. Pero es eso, no hay que tomarse tan en serio la vida, porque no somos uno, sino que somos muchísimos y habrá para todos. Igual, esta forma de ser que tengo y de expresarme ante las preguntas que me estás haciendo, creo que también tiene que ver mucho con la falta de pretensión. No pretendo llegar al número uno con las Nancys Rubias. No pretendo tener un millón y doscientas mil visitas con el vídeo que hicimos con Alejandro Amenábar. Mi pretensión es hacer lo que quiero. ¿Qué le llega a mucha gente? Pues mejor. Para el ego va muy bien, para la autoreafirmación viene muy bien, y para la compañía que ha decidido apostar por nosotros también. Pero la pretensión es muy mala, porque te frustra. No vivo de la música, sino que vivo de otras cosas como ser representante, de escribir o de no escribir… Ya ves tú. 

Sí, ya comentamos lo que sucedió con tu libro.

Ahora estoy escribiendo la biografía de Fabio McNamara, que para mí el regalo es que Fabio me haya dicho que sí, se venda o no se venda. No espero que se venda ese libro. ¿Que se vende? Pues fenomenal, pero no por mí, sino por Fabio, porque los royalties van para él. Como persona generosa que soy, se lo doy a él porque se lo debo. El no tener pretensiones te salva también la vida. Suena como muy tonto o muy prepotente decir que hago en cada momento lo que me apetece, pero a día de hoy es lo que hago. 

¿Hablamos de una actitud “peterpanesca”?

No te creas, no tanto, al revés. O del abuelo de Peter Pan, porque eres viejo. Peter Pan es inocencia, y esto no es inocencia, porque cuando eres inocente das palos de ciego puesto que no has vivido. A ver cómo te lo explico… Es que parece una clase de filosofía y me está encantando la entrevista porque me estoy autoanalizando. Pero mira, la explicación que quiero darte sería que las cosas que se desean de forma sana siempre acaban consiguiéndose. 

Como el karma.

¡Eso es! Es una cosa muy bonita y oriental. Y fíjate, que me considero muy poco oriental… Pero sí, en el fondo es eso. A lo mejor va por ahí la cosa. Reírse de uno mismo ayuda, y salva la vida, aunque eso no significa que no te tomes en serio. Me descojono de mí mismo desde que me levanto hasta que me acuesto. Tengo mucha suerte de tener esa capacidad innata de reírme de mí mismo porque hay gente que lo intenta y no puede. Es una cosa que te viene dada. 

Básicamente se trataría de dejarse llevar, ¿no?

Sí, pero con un cierto control sobre tu vida. Haría un montón de cosas en el día a día que no hago por salud mental y salud física. El sentido común es lo que nos salva a todo porque tiene que regir nuestra vida. El día que tú no estés regido por el sentido común, estás perdido y loco. Otra cosa es que tú, dentro de ese sentido común, decidas descontrolar. Pero aún dentro de ese descontrol, vuelves al sentido común que tienes en la cabeza. 

¿Puede eso provocar que seamos nuestros propios esclavos?

No lo sé. No conozco a nadie que sea esclava de sí misma. ¿Tú crees que Madonna es esclava de sí misma? 

No. Pero hay gente de la calle que sí lo es, tanto millonarias como gente humilde.

Claro, eso no va ni por la condición social ni por el estatus económico. Eso te viene dado por los genes. Veo a gente cercana a mí, a la que quiero un montón, que si tuvieran un poquito más de sentido común les iría mejor en la vida. Ellos lo intentan, pero no les sale. Es la ley natural. 

El mejor ejemplo que se me ocurre ahora mismo es lo que le sucede al protagonista de la novela “American Psycho”.

Ya. Te acabas relacionando o agrupando con gente que acaba siendo parte de tu familia porque hablan tu mismo idioma. Que ya no es cosa de gustos, sino de pensamientos. El día que sea esclavo de mí mismo… no sé si me daría cuenta o no. Todo lo resumo en que las cosas no sean tu medio de vida. Claro que me tengo que levantar temprano para negociar un contrato con Fangoria. Ese es mi medio de vida. Pero es que hasta incluso eso, hay un momento que en la cabeza te salta un “clic” que te hace pensar en otras cosas. Vale, me lo puedo permitir porque tengo pasta, pero eso ha sido porque he estado invirtiendo muchos años, así que en el momento en el que me vea esclavo de mí mismo, podré desconectar. A lo mejor soy ya un esclavo de mí mismo y no soy consciente, pero el día que lo vea, lo dejo. Llevo desde los quince años buscándome la vida. Hice la carrera como mero trámite burocrático para darles gusto a mis padres. Después estuve en Canal + ganando un buen sueldo, pero cuando vi que ya no aportaba nada –llámalo intuición- me fui a trabajar a Subterfuge para dirigir un fanzine porque era lo que más ilusión me hacía. Pero eso te puede pasar con veinte o con cincuenta años. He dejado de hacer muchas cosas en este último año porque no me apetecía nada hacerlas, aunque implique tener menos dinero. Estoy feliz yendo al programa de Ana Rosa Quintana porque me lo paso muy bien. No aprendo nada, pero sí aprecio ese sentido del compañerismo que hay. Como espectador, veía ahí un buen rollo del que quería formar parte. Y lo mismo con “El hormiguero”. Habrá gente que me vea como un payaso, por supuesto, pero yo no me veo como un payaso. Eso sí, el día que me vea como un payaso, dejaré de hacerlo. 

Es lógico.

Es que es así. Me ha pasado siempre y espero que me siga pasando.

Madrileño y periodista, aunque no necesariamente en ese orden. Escribe para Esquire, Forbes, Gonzoo y Popular 1. Antes estuvo en Cambio16, Jot Down o Efe Eme, entre otros.

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