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Goodbye Lou: adiós al poeta underground

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Un domingo cualquiera, pero distinto de lo habitual. Tenemos una hora más. Tiempo para la pereza y la agridulce espera del nuevo, odioso y monótono lunes. Músicas melancólicas, páginas inmersivas de ese libro que casi se acaba o películas tontas que nos transportan  lenta pero inexorablemente hasta el abismo. Tuiteando por inercia, comentando trivialidades y horrores del fin de semana. Y de repente los TL se inundan de tristeza y estupor. Alguien se ha ido. De repente, sin explicaciones ni lamentos, la marca habitual. Lou Reed ya se había marchado a explorar otros mundos, éste ya no era suficientemente grande.

Irónico, seco, enfundado en el negro riguroso que lo caracterizaba y sin ofrecer un atisbo de sonrisa. Una figura solitaria, deprimente y taciturna, alejada de los grandes focos. El poeta underground  con una de las voces más salvajes del rock del siglo XX

Lou Reed formó parte de The Velvet Underground, banda surgida a mediados de los 60, que definió el rock independiente y que deambulaba en bares pequeños y galerías de arte pasando desapercibidos, mientras The Beatles o los Rolling Stones se comían el mundo. Durante esta época Reed dejó su particular sello en temas como Heroin, Rock’N’Roll, Femme Fatale, Pale Blue Eyes o Sweet Jane. Una obra que no tuvo en su día el reconocimiento que le ha dado el tiempo. Sin vender más de una decena de miles de discos al momento de su separación a principios de los setenta, cinco décadas después nadie duda del inmenso legado.

Apenas fueron cuatro años salvajes en la ciudad de Nueva York; cuatro años de The Velvet Underground (1965-1970) que han pasado a la historia por su sentido musical, por su visión experimental e innovadora. Aunque su sensación de fracaso estaba justificada: las discográficas le dieron la espalda y el público no comprendió la dureza de sus letras en las que introducía temas tabú de la época como la transexualidad o el sadomasoquismo. Pero una frase resume la influencia de Lou Reed: “Pocos escucharon a la Velvet Underground durante su corta existencia, pero todos los que lo hicieron formaron una banda”.

Pasó toda su vida coqueteando con la muerte. Lou Reed se movía en ese lado salvaje donde los viajes interiores de cada día están llenos de peligros. Siempre asumió riesgos. Lou era ese hombre solitario, el yonki terminal que estaba esperando a su hombre cargado de heroína. Su vida reflejada en sus canciones. Muchos lo dieron por muerto en aquella época. No fue así.

Durante la década de los setenta Lou Reed iniciaría una fructífera carrera en solitario que terminaría de encumbrar su figura como mito del rock, con obras maestras como ‘Take a walk on the wild side’ o ‘Perfect day’ y que también prolongó sus excesos reconocidos con el alcohol y otras drogas todo ello empapado de la bohemia urbana neoyorquina. Pocos músicos pueden presumir de haber vivido una historia tan intensa y haberla contado. Están David Bowie e Iggy Pop, estaba Lou.

Más desconocida para algunos es la incursión del poeta en el mundo del cine. Bien como el villano Malthazard en venganza y lucha contra el pequeño Arthur (2009 y 2010), realizando cameos en The Palermo Shooting (2008) o Faraway, so Close (1993), como personaje taciturno en Lulu on the bridge (1998) o el hombre de extrañas gafas de Blue in the face (1995). Al igual que al compañero Bowie o Iggy, el celuloide tentó esporádicamente al artista.

Lou Reed no era ni el típico cantante de voz excelsa, ni el típico frontman con carisma desbordante sobre el escenario. Siempre huyendo del mainstream, la canción era un pretexto para contar lo que quería. La voz salvaje del rock independiente ha dejado una marca muy profunda sin la cual no se pueden entender corrientes como el glam rock, el punk, el movimiento indie rock y la “New Wave”. Desde The Stooges a My Bloody Valentine pasando por Pearl Jam, Sonic Youth o The Smiths, su estela fue fecunda.

Con Lou Reed se va una forma de entender el rock, una manera de entender la vida y la sabiduría de quien supo rectificarse a sí mismo. Hoy todo buen amante de la música estará triste y apagado.

«Soy un artista y eso significa que puedo ser tan egoísta como quiera». Lou Reed no murió, «he went to take a walk on the wild side». Su espíritu siempre estará muy presente. Definitivamente hoy ha dejado de ser un Perfect day.

Mitad politólogo, mitad melómano. Observador implacable de la política, con especial interés por la comunicación y marketing político. Agitador online al ritmo de bandas como Tame Impala, Pink Floyd o The Smiths. Tengo más caché que Google.

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